Posteado por: necesitamosunbarcomasgrande | 13 octubre 2009

Peter Cushing, un caballero…de miedo

peter cushing

Con el comienzo de la nueva campaña de Uniradio, Ela Hernández, Alfonso Merelo y este servidor que escribe, Antonio J. Sánchez, dimos paso a la segunda temporada de A través del espejo, programa de cine y literatura de género fantástico. La primera emisión de esta nueva incursión en las ondas univeristarias versó en mi apartado de cine sobre la figura del actor de cine de terror, ciencia ficción y fantástico Sir Peter Cushing (Surrey 1913, Canterville 1994).

El tema fue elegido a tenor de la entrevista previa que tuvo la deferencia de conceder al equipo Javier Márquez, subdirector de Cambio 16, ensayista y escritor de relatos fantásticos, que en este mes de octubre publica su primera novela La fiesta de Orfeo (Editorial Almuzara, 2009). En este libro, Márquez nos ofrece una historia de misteriosos y bizarros asesinatos producidos-ficticiamente en sus páginas, claro- a la misma vez que se rodaba la primera de las cult-movies que haría legendaria a la factoria británica Hammer Films, aquella que nos vestía a Peter Cushing a veces de malo como en el caso del barón Victor Frankenstein, y a veces de héroe como en el caso del cazador de vampiros Van Helsing, simpre tras las huellas de Drácula-Christopher Lee.

curse of frankenstein 2

Esa primera película era La maldición de Frankenstein (Terence Fisher, 1957) y en la novela de Javier Márquez uno de sus protagonistas es el mismísimo Peter Cushing. Durante la entrevista, Márquez nos confesaba haberse puesto en contacto con Christopher Lee para poder hacer uso de su nombre y figura en la ficción de La fiesta de Orfeo, pero Mr. Lee se negó a ello, aunque le mostró su agradopor la intención.

Con esta premisa, pudimos abordar la figura de este actor, quien desde muy temparana edad supo que sus pasos le llevarían al mundo de la interpretación, algo que le venía de herencia puesto que su familia estaba muy vinculada al mundo de la farándula: su abuelo era director de una compañía de teatro, sus tíos eran actores y bailarines…De modo que desde joven, Peter Cushing comenzó su incursión en las tablas londinenses haciendo pequeños papeles secundarios, como figurante y también haciendo de chico para todo. Peter fue un tipo visionario y supo que al teatro se le acabab el rollo con la consolidación del cine, de manera que no tardó mucho en llegar a la meca del cine: Hollywood. Allí consiguió introducirse de manera picaresca. Un ejemplo de este último apunte fue en la película La máscara de hierro (James Whale, 1939); el director necesitaba un figurante que supiera manejar el florete, y Cushing apareció en el estudio alegando que era ducho en el arte de la esgrima, pero en realidad no tenía ni idea.

joven peter cushing

 A Cushing en esos primeros años de cine siempre se le colocaba en pequeños papeles militares y también en algun  cómico, ya que llegó a compartir escena con Stan Laurel y Oliver Hardy (el Gordo y el Flaco). Pero estalló la Segunda Guerra Mundial, y Cushing sintió la imperiosa necesidad de volver a su pais para ayudarlo alistándose en el ejército. Sin embaro, una vez allí fue descartado del servicio militar debido a determinadas lesiones y enfermedades padecidas en juventud. No obstante, el amor que sintió a su país le motivó a ingresar en un departamento de dramaturgia que organizaba funciones teatrales para los soldados británicos. Fue aquí donde conoció a la que sería al poco tiempo su esposa, la actriz Helen Beck.

Fue en estos años, entre los 40 y los 50, cuando Peter Cushing gozó de sus mejores oportunidades en el campo de la interpretación. Participó en el Hamlet de Laurence Olivier y en Moulin Rougue de John Houston con sendos papeles secundarios de peso; en ambas producciones coincidió, sin llegar a compartir escena, con otro actor británico con el que en un futuro inmediato compartiría cartel en películas que ya han pasado a los anales del cine: Christopher Lee.

curseoffrankensteinYa en los cincuenta era una-sino la primera- estrella de la ficción televisiva con series antológicas inglesas como 1984. Con su interpretación en esta serie cosecho gran éxito y multitudinarios premios, lo que le avaló para papeles principales en el cine británico. A la finalización de esta serie y concidiendo con el estreno de una de sus películas le llegó la oferta que le catapultaría: interpretar al histriónico y perverso Doctor Frankenstein en la nueva y primera versión technicolor del mito del moderno prometeo de Mary Shelley. Fue en 1957 cuando se estrenó La maldición de Frankenstein, un film vilipendiado en su día y que la crítica tildó como violenta y desagradable, pero hoy encumbrado como ejemplo del fantástico a seguir.

Peter Cushing haría del barón Frankenstein hasta en 6 ocasiones. Nunca rechazó este papel de villano, un rol que le encantaba interpretar sin miedo al encasillamiento, y donde nos presenta un personaje frío, sin escrúpulos y calculador. El terror recae con más incisión sobre la figura del científico que de sus criaturas.

A este éxito le siguió otra joya de la literatura universal, la del conde vampiro inmortal creado por el irlandes Bram Stoker. En Drácula (Terence Fisher, 1958) Cushing presta su rostro no a un personaje del mal, sino del bien: el doctor Abraham Van Helsing, investigador de lo oculto y conocedor del folclore profundo, sus supersticiones y sus fantasmas. Cushing borda y fija el paradigma a seguir en cualquier interpretación posterior del cazavampiros más famoso de la historia del cine.

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Para nuesto recuerdo retiniano quedará marcada para siempre la trepidante secuencia final en la que Van Helsing da muerte a Drácula tras perseguirle por los interiores del castillo, acompañado por la impulsiva banda sonora de James Bernard, el compositor que hará inconfundibles las producciones de la Hammer.

Tampoco será ésta la última vez que Cushing encarne al cazavampiros, ya que hasta en cuatro ocasiones más se armará de crucifijos, agua bendita y estacas para dar muerte a los no-muertos. Sin embargo con el paso del tiempo, las películas de Drácula bajarán su nivel de calidad, y con ellas las interpretaciones de sus actores.

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A destacar estaría la que iba a ser la secuela del primer Drácula de la Hammer, Las novias de Drácula (Terence Fisher, 1960), pero donde nunca apareció ni Christopher Lee ni su alter ego Drácula. Según se comenta, a pesar del éxito de la primera, Lee no quiso volver a ponerse capa y colmillos por temor a encasillarse. Ello le traería problemas al actor británico, ya que en la verdadera secuela Drácula, Príncipe de las Tinieblas volvería a transformarse en vampiro sin pronunciar palabra alguna en pantalla durante toda la película. Se rumorea que fue un castigo del propio guionista, Jimmy Sangster.

Bueno, seguimos. Para Las novias de…, la Hammer no quería otro Drácula, pero sí que utilizó el nombre de la criatura de Stoker como reclamo comercial de un nuevo film de vampiros donde se cuidaría la misma estética y calidad en una historia que bien pudiera haberla protagonizado el conde inmortal. El actor David Peel encarnaría al barón Meinster, un vampiro al que su madre, conocedora de sus fechorías, tiene encarcelado en su castillo, encadenado a una columna.

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Quien sí volvía repetir papel era Cushing como Van Helsing, aportándonos alguna novedad en referencia a la lucha contra los muertos vivientes y a cómo liberarse de la maldición que trae consigo la mordedura de un vampiro purgando la herida con un hierro al rojo vivo, algo que ya ha pasado al imaginario colectivo. Pero sobre todo, Las novias de Drácula, junto con El baile de los vampiros (Roman Polanski, 1967), pasa por ser una de las peliculas más inteligentes del género donde se tratan temas tan tabúes como la homosexualidad y el incesto.

sherlockcushingPasamos página. El tercer pilar sobre el que fundamentaría su fama interpretativa Peter Cushing sería otra figura literaria totalmente diferente a las descritas con anterioridad: Sherlock Holmes, el detective que Sir Arthut Connan Doyle situó en el 221B del londinense barrio de Baker Street. Un personaje que ya desde los años 40 venía interpretando Basil Rathbone, otro actor que de vez en cuando alternaba el genero de detectives para flirtear con el terror. Así lo demostraba encarnando al villano doctor en la pantalla de El extraño caso del Señor Valdemar que Roger Corman incluyó en su antología Historias de Terror (1962), basándose en varios cuentos de Edgar Allan Poe.

Pero Cushing supo imprimirle al detective un aire irónico y humorístico más cercano al de los libros de Doyle que al encarnado por Rathbone. Eso sí, la Hammer Films no llevaría a la pantalla una aventura cualquiera de Sherlock Holmes, sino una que se amoldase a su sello del horror. Y no podía ser otra que El perro de los Baskerville (Terence Fisher, 1962), donde volvería a reunir a su tridente de éxito Cushing-Fisher-Lee.

En cuanto a la recreación del personaje, el trabajo de Cushing es magnifico el_perro_de_los_baskervilley explora el aspecto de la personalidad del detective más frecuentemente olvidado: su irritante (mucho más que en la novela) condescendencia, lo que le convertiría en un personaje antipático de no ser por sus fascinantes dotes deductivas. Por otro lado, la corrección de Morell en el papel de Watson es incontestable y la presencia de Lee hace que el personaje de Sir Henry Baskerville gane muchos puntos con respecto a la novela. El trabajo de Terence Fisher es, como de habitual, sobrio pero potente; la fotografía consigue crear esa sensación tétrica que debe envolver al páramo.
Como último apunte avisar de que no es muy recomendable ver esta película teniendo la novela muy fresca en la mente, ya que el guión, aunque bueno, no aguanta la comparación con la novela de Conan Doyle.

Otras aportaciones de su trabajo para la Hammer Films fueron su presencia en otras joyas como El abominable hombre de las nieves (Val Guest, 1957), La momia (Terence Fisher, 1959), La Gorgona (Terence Fisher, 1964),  Las amantes vampiro (Roy Ward Baker,1970), entre otras. Y a la misma vez, tuvo ocasión de participar en filmes de la competencia, concretamente para la otra factoria británica de terror, la Amicus, con trabajos como Dr. Terror (Freddie Francis, 1965).

Sin embargo no todo lo que reluce es oro, ya que en su vasta filmografía se alternan-sobre todo a partir de los 70- muchos bodrios que le condenarían finalmente al retiro de la indsutria filmica a mediados de los 80.  No obstante tuvo su oportunidad de ser recuperado: George Lucas se acordó de él para otrogarle en 1977 su último gran papel como el comandante Grand Moff de la Estrella de la Muerte en La Guerra de las Galaxias: una nueva esperanza.

cushing star wars

Su mediocridad interpretativa se vio acelerada a partir de sus continuas depresiones tras la muerte de su esposa en 1971, la de su inseparable amigo y compañero de profesión Terry Fisher en 1980 y el cierre de su segunda casa, la Hammer Films.

Antes de su “jubilación” continuó trabajando para televisión, como por ejemplo haciendo de Sherlock Holmes, algo que no había hecho desde El perro de los Bakerville. Cushing sabía que su nivel de calidad iba decreciendo conforme iban pasando los años y la industria se quedaba sin ideas. Siempre las mismas historias, papeles y sin cambiar el registro. Sin embargo, eso era algo que se tomaba con cierta filosofía porque solía decir: “yo creo en los personajes que represento y en los extraños lios que organizan…tengo que creer en ellos porque es el único modo en que evito que se rían de mí y de mis películas”.

A partir de entonces se dedicaría a escribir sus biografías y publicar cuentos infantiles ilustrados por él mismo. Pero también tuvo tiempo de aparecer brevemente en la gran pantalla, como ese cameo cómico que hizo para Top Secret (Jim Abrahams, 1984). En 1988, la Reina Isabel II le otorgó la Orden del Imperio Británico por “su contribución al entretenimiento internacional”, una distinción de la que siempre se sintió muy orgulloso.

Sir Peter Cushing nos dejó un 11 de agosto de 1994, habiendo creado escuela y dejándonos para el recuerdo algunos de los mejores momentos que ha dado el cine. A su desaparición, George Lucas dijo de él: “creo que será recordado con cariño durante los próximos 350 años, como mínimo”.

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El mejor epitafio para todo un caballero del cine.

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Responses

  1. Un artículo genial, aunque si se me permite, no estoy de acuerdo con esa “mediocridad interpretativa” de su última etapa. Si bien muchas de aquellas películas fueron mediocres, no considero que su trabajo como actor alcanzase tal definición. Aunque como todo, claro, es cuestión de opinión.

    Y muchas gracias por la referencia al libro.

    Un saludo

  2. Oiga usted, repasando su entrada veo en el porgrama “Al otro lado del espejo”. ¿Usted trabaja en él y no sabe como se llama su programa? Tsk, Tsk.
    Dos puntos menos.
    A javier decirle que ya estoy casi terminando su novela. De momento solo decir “boina”, que chapeau es muy cursi.

  3. Uyyy!!!! Ya está rectificado…al menos dígame usted que le parece el artículo. Genial para nuestro amigo Javier Márquez…a punto de salir mi análisis de “Las novias de Drácula”.


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